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El 80% de los consumidores online hace la compra en horario de trabajo.

 

Aunque en España nos gusta llenar la nevera en las tiendas, hacerlo a través de internet nos permite ahorrar tiempo y dinero. Podemos, por ejemplo, resolver el trámite desde la oficina. De hecho el 80% de los consumidores online hace esta gestión en horario laboral, según los datos del II Estudio sobre la evolución del ecommerce en alimentación realizado por la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas) en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid.

No es que le echemos morro, sino que, como señala María Puelles, doctora en la UCM y directora del estudio, "aprovechamos los momentos libres dentro del trabajo para hacer la compra".

El perfil de consumidor que hace su compra de alimentación en internet es el de una mujer de entre 30 y 50 años, con estudios y con un cargo medio en su puesto de trabajo. Tardamos entre 15 minutos y media hora en ejecutar nuestra compra y, además, no nos importa pagar un sobreprecio por la entrega en casa, puesto que al comprar online gastamos menos en capricho porque usamos listas predeterminadas (los productos básicos), es decir, en el fondo ahorramos.

A diferencia de los años de la crisis, ahora el precio nos importa menos, y sí valoramos más la fiabilidad en el método de pago. Tras los escándalos como el de Facebook, por ejemplo, "tenemos miedo a dar nuestros datos personales y elegimos tiendas en las que confiamos", señala María Puelles.

Frenos

El estudio revela cuáles son los principales frenos a la hora de llenar nuestra cesta de alimentación a través de internet. Uno es las reticencias que tenemos a la hora de comprar productos frescos (frutas, verduras, pescados, carnes...). Nos gusta ver, tocar y oler lo que no está envasado. El 60% de los compradores online adquiere aún este tipo de productos en las tiendas físicas.

Otro freno es la gran oferta de supermercados y tiendas de diferentes formatos que tenemos al lado de casa. Sólo el 1% de las compras en productos de alimentación, droguería e higiene se hace a través de internet. Este porcentaje es mucho menor que en países como Alemania, Reino Unido o Francia.

En cuanto a los tiempos, si hace frío tendemos más a comprar desde dispositivos. El 75% lo hace desde el ordenador, aunque crece el porcentaje de consumidores que hace la gestión vía móvil o a través de la tablet. "Se rompe así el mito de que no somos tecnológicos y por eso compramos alimentación menos que otros países", señala Ignacio García-Magarzo, director general de Asedas.

Otro freno es el impacto en el medio ambiente que tendría un incremento de las compras de alimentación vía online. Ahora un camión de reparto a domicilio hace una media de seis pedidos por jornada. Hay 16 millones de consumidores que compran alimentación 16 veces al mes en tienda física y suelen ir a la tienda a pie.

Si estas visitas a la tienda de al lado de casa se convirtieran en pedidos a domicilio habría muchas más camionetas circulando por las grandes ciudades, con los consiguientes problemas de tráfico y contaminación que eso conllevaría. Además, como apunta Magarzo, "en España no vivimos en adosados con un garaje pegado a la cocina ni estamos en casa a las cinco de la tarde". En las grandes ciudades, que es donde más se compra online, las calles son estrechas y no es tan fácil llegar a muchas zonas rápido y barato.

Reto de sostenibilidad

Por eso, según Magarzo, el comercio online se enfrenta a un triple reto de sostenibilidad: la económica (que le salga rentable entregar todos los pedidos a domicilio sin que ello suponga un coste extra desmesurado para el consumidor), la medioambiental (que ese cambio de movilidad -persona que va a pie a la tienda versus camión que va a su casa a entregarle la compra sea factible) y la social (que las cadenas puedan llegar online a todas las ciudades y pueblos).

Hay grupos, por ejemplo, que sólo reparten en 18 grandes zonas, la mayor parte grandes ciudades. Hay distancias grandes entre algunos núcleos de población y los supermercados tendrían "que garantizar la accesibilidad a ese servicio onlinetambién en esas zonas", aunque el camión de reparto tenga que hacer trayectos más largos (y esto le cueste más al supermercado).

La tienda física es ahora un formato sostenible porque suele haber un camión que realiza un solo reparto a las tiendas y de noche, para evitar problemas de tráfico. Si esto lo cambiamos por el sistema a domicilio los vehículos tendrían que circular de día, serían muchos más y tendrían que trabajar hasta tarde, porque los españoles solemos llegar tarde a casa.

Actualmente los supermercados pierden dinero con la venta online. Mercadona, la única cadena que ha cifrado estas pérdidas, las cuantifica en 30 millones de euros. La empresa valenciana está preparando su nueva web para empezar a repartir a domicilio a través de un centro logístico, como hace Amazon, y no desde tienda, y hacer el modelo rentable.

Otros grupos, como el Corte Inglés, aprovecha su red de tiendas para hacer el reparto de los pedidos de internet que le llegan. Según Magarzo, el sobrecoste que paga el cliente por la entrega en casa no es igual y depende de muchos factores aunque "no suele compensar el coste real de lo que supone llevar la compra a casa".