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Los turistas toman el Mercado Central.

 Turismo y masificación. Es, quizás, una de las parejas de palabras más repetidas a lo largo del año, por los problemas que han surgido en algunas ciudades españolas ante el elevado incremento de visitantes. El debate sobre las aglomeraciones en algunos monumentos ha llegado también al Mercado Central, considerado la mayor despensa de Europa y una de las joyas arquitectónicas modernistas, lo que lo convierte en uno de los espacios de visita obligada para los turistas que llegan al cap i casal.

De hecho, la presencia de excursionistas es una de las cuestiones que el mercado quiere que quede plasmada en la nueva ordenanza municipal de mercados que prepara el Ayuntamiento de Valencia, junto con «unas mínimas normas de decoro», dado el comportamiento de algunos de los visitantes, que vociferan o acceden al recinto en bañador e, incluso, descalzos, como sucedió hace unos días.

Eso sí, «todos son bienvenidos. Cualquier persona que entra por una de las puertas del mercado es un potencial cliente», resaltan al unísono el presidente de la Asociación de VendedoresFrancisco Dasí, y la gerente del recinto, Cristina Oliete, que, de ninguna manera, quieren trasladar la imagen de rechazo a los grupos, bien sea de turistas, de escolares o de jubilados.

«Lo único que pedimos es un protocolo para regular el acceso de grupos y que establezca unas normas de funcionamiento para los turistas», detalla Dasí, quien resalta una premisa básica: «Todos deberían entender que hay que evitar interferir en la actividad comercial».

Cifras del Mercado Central

40% es el porcentaje de visitantes anuales de fuera de la Comunitat, según los vendedores.

100 millones es el impacto que genera el Mercado Central sobre la economía valenciana.

15-20% es el incremento anual de la venta ‘online’, de la que el recinto valenciano fue pionero.

5% de las tiendas no se dedican a la alimentación. Han aumentado sus ventas en recipientes de cocina.

Una actividad que se traduce en un volumen de negocio de entre 56 y 70 millones de euros anuales, según las conclusiones del informe sobre el Mercado Central que elaboró en 2015 la oficina Pateco del Consejo de Cámaras de Comercio de la Comunitat. El documento también estableció en 3,15 millones los visitantes anuales, de los que el 62% son clientes y el 35,2%, turistas (tanto nacionales como extranjeros). Es decir, al menos uno de cada tres clientes son turistas. Por las instalaciones centenarias pasan una media semanal de 90.000 clientes, de ahí la necesidad de adoptar alguna medida de control.

Los turistas en el Mercado Central

Impacto económico: Representan un porcentaje importante de los ingresos, especialmente los días o meses de escasa actividad comercial, donde el inglés es el idioma más escuchado.

Notoriedad: Los visitantes son uno de los mejores prescriptores del Mercado Central. Si les gusta, repiten la visita. Además, el edificio es uno de los más reconocidos de la ciudad.

Fidelización: Un cliente satisfecho, vuelve. Pasa con los franceses que encargan cada año los turrones o los turistas que se llevan el pack de especias para la paella.

Colapso en accesos: Pasillos laterales, el centro (bajo la cúpula) o agolpados junto a los puestos. Es una de las imágenes que quieren evitar los vendedores para evitar molestias a los clientes.

Vestimenta inadecuada: Chanclas, descalzos, sin camiseta o en bañador. Son algunos de los atuendos que visten los turistas que acceden a las instalaciones y que se quieren evitar.

Ácceso a las charangas: «No es una sala de fiestas», recuerdan desde el mercado tras comprobar la presencia de charangas de despedidas de soltero algunos sábados.

Caso de la Boquería

La mirada se dirige al mercado de la Boquería de Barcelona, donde los viernes y los sábados no pueden acceder grupos organizados de visitantes de 15 o más personas y donde el personal de seguridad está pendiente de evitar su acceso. Aunque estas instalaciones son más reducidas (el Central cuenta con una superficie de 15.000 metros cuadrados) y estrechas, recuerda Dasí, al tiempo que explica que la petición de la asociación es que la nueva ordenanza incluya aspectos como el decoro en la vestimenta o que las entidades que gestionan los mercados puedan regular el acceso a los grupos, además del revelo generacional o la continuidad empresarial.

«Esto no es una sala de fiestas», añade Oliete, que comenta cómo algunos sábados no es raro ver entrar al recinto a grupos celebrando una despedida de soltero con charanga y con los adornos típicos de este festejo, lo que produce una imagen chocante entre los puestos de alimentación. La gerente del Mercado Central pone un ejemplo. «A nadie se le ocurriría subir al altar o interrumpir una ceremonia religiosa cuando visita una iglesia como turista. Esa misma sensibilidad es la que pedimos para el mercado», comenta.

Cuestiones «de sentido común» para evitar, por ejemplo, que se manoseen los productos, especialmente en la zona de pescadería, o que se cuelen en los mostradores para hacer fotos. También se busca evitar los colapsos en los pasillos y que los puestos se taponen.

Para ello, además de la ordenanza que corresponde a la concejalía de Comercio, el Ayuntamiento de Valencia lleva meses trabajando en la elaboración de un convenio con los vendedores y con los guías turísticos que sirva para marcar varias pautas que eviten la saturación del Mercado Central mediante la regulación del acceso de los grupos. Fuentes municipales explicaron que se prevé su firma para finales de año o comienzos de 2018, ya que falta el visto bueno de todas las partes.

El Mercado Central es foco de atracción de turistas. / DAMIÁN TORRES

Explicaciones en el exterior

De hecho, desde la Asociación de Guías Oficiales de la Comunidad Valenciana explicaron que se trata de «un convenio de buenas prácticas» orientado a «mejorar el flujo de turistas» en el Mercado Central, un espacio «que sorprende a todos los que lo pisan por primera vez. Tanto por el edificio en sí como por la variedad de productos que se ofrecen», indicaron. Las mismas fuentes señalaron que los guías ya tienen en cuenta la necesidad de conjugar la actividad comercial del recinto con el interés turístico, por lo que, desde el pasado verano, las explicaciones sobre el inmueble «se intentan hacer en el exterior».

Respecto a la firma de este protocolo, la concejala de Turismo, Sandra Gómez, puso en valor que se esté trabajando «sobre un documento que recoja recomendaciones que preserven su identidad como uno de los principales mercados de abastos de Europa. Esto pasa por regular el acceso de visitantes para evitar la saturación lo que beneficiará tanto a quienes van a comprar como a quienes lo visitan».

El objetivo es, ante todo, el bienestar de cualquier persona que entra en el Mercado Central. «Es un potencial cliente y queremos que se sienta bien atendido», comenta Cristina Oliete. Conscientes de la notoriedad que generan los turistas («si les gusta, repiten y se fidelizan»), los vendedores han orientado sus puestos a satisfacer a esta clientela, conscientes de los beneficios para las cuentas.

Ahí están los bocadillos, zumos, fruta cortada o los envases de plástico con trozos de quesos. O la atención en inglés, explicando las características del producto. También el servicio a domicilio, que permite al turista recibe la compra en el hotel, crucero o en su casa coincidiendo con su regreso a su país de origen.

Quienes más demandan este servicio son los visitantes procedentes de HolandaAlemania e Italia, donde los jamones del Mercado Central arrasan. En el caso de España, los compradores optan por comprar 'online' la ánguila. También los ingredientes para algunos platos tradicionales, como el cliente que pidió los que componen la receta de la paella (recipiente incluido) ya que cocinó una en Londres para sus amigos.

 

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